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Investigadores defienden la mejora de la nutrición para la prevención del declive cognitivo.

Según los investigadores que participaron en la conferencia de Nutrition 2018 de Boston (EE.UU.), los pasos nutricionales para la prevención de las enfermedades cardíacas son bien conocidos, pero es el momento de hacer lo mismo para reducir el riesgo de demencia.

En esta conferencia, organizada por la Asociación Americana de Nutrición, se llevó a cabo un simposio satélite que reunía a investigadores de diferentes instituciones que han estudiado ampliamente el papel de la nutrición en la salud cognitiva. Dicho simposio se tituló “Es la demencia una nueva enfermedad cardíaca?”.

Uno de los científicos fue la Dra. Elizabeth Johnson del Centro de Investigación de la Nutrición Humana sobre el Envejecimiento USDA Jean Mayer en la Universidad Tufts (EE.UU.).

“Muchos de los factores de riesgo de enfermedades cardíacas, que acaparan mucha atención, son los mismos factores de riesgo de la demencia”, dijo. “Así que estamos intentando atraer atención hacia la demencia y el deterioro cognitivo relacionado a la edad y empezar a considerar seriamente cómo la nutrición puede desempeñar un papel importante en ello”.

“Cuando se trata de enfermedades cardíacas, reduces el consumo de grasas saturadas, haces ejercicio y mantienes el peso corporal. Estos son algunos de los cambios de estilos de vida que pueden suponer una gran diferencia y reducir el riesgo y, ahora, estamos observando cambios de estilos de vida que podrían reducir el riesgo de padecer demencia, entre los que se incluye la nutrición”.

 

La luteína, preferentemente absorbida por el cerebro

En el simposio, la Dra. Johnson habló acerca de su investigación sobre la luteína, un pigmento vegetal perteneciente a la familia de los carotenoides, en el cerebro y los vasos coronarios.

Sus estudios han sugerido que la luteína es “preferentemente absorbida por el cerebro”, explicó. “Es curioso pensar que entre todos los carotenoides que se encuentran en la alimentación, de los cuales hay cientos, encontramos este en el cerebro”.

Entre los artículos sobre este tema en los que ha sido coautora, uno publicado en la revista científica Nutrients en agosto del 2017 relacionaba la luteína encontrada en los aguacates con la salud ocular y la mejora de la memoria y la atención.

“La pregunta es, ¿por qué es importante que tengamos una absorción cerebral preferente de luteína? Tengo pruebas para demostrar esto y, además, creemos que es importante porque los niveles elevados están relacionados con una mejora de la función cognitiva”, añadió.

“Hay muchos diseños de estudio diferentes que sugieren que un nivel de luteína más elevado está relacionado con una mejor función cognitiva. Lo hemos observado en personas mayores con un leve deterioro cognitivo. Ahora también lo estamos observando el niños en etapas más tempranas. Mi trabajo es demostrar a qué podría deberse esto, qué podría estar haciendo en el cerebro”.

 

Una perspectiva de los niños y las yemas de huevo

El hecho de explorar los potenciales beneficios de salud de la luteína en la prevención de la demencia en la edad adulta llevó a la Dra. Johnson a plantearse sus beneficios en el otro extremo de la vida; la infancia.

“Cuando mides las concentraciones de luteína en los cerebros de los niños (observo estos niveles en los niños que han muerto en accidentes), estos niveles están relacionados con los niveles de neurotransmisores, con los niveles de antioxidantes, con los metabolitos necesarios para el metabolismo lipídico, el metabolismo energético”, dijo.

“Todos estos son muy importantes para el primer año de vida cuando el cerebro está creciendo y desarrollándose”.

“Hay pruebas en el color amarillento de la yema de huevo también, lo que recalca la necesidad de luteína en el desarrollo temprano”, argumentó.

“Que haya más luteína aquí sugiere que el carotenoide es importante para ayudar a que el cerebro joven se desarrolle mejor, así que es interesante”.

 

“No nos preocupa el escorbuto o el beriberi, nos preocupa la salud óptima”

Entre el resto de los estudios presentados en el simposio que también estudiaban las intervenciones nutricionales había un estudio presentado por el Dr. Gary Small, director y profesor del Centro de Longevidad UCLA que estudiaba el efecto de la curcumina sobre la memoria y amiloide del cerebro y los efectos tau.

“El fitonutriente curcumina está en el mismo grupo que la luteína”, opinó la Dra. Johnson.

“Siempre hemos estado pendientes de los nutrientes esenciales; si no consumimos vitaminas o minerales padecemos deficiencias y enfermedades de las que podríamos morir”, dijo la Dra. Johnson.

“El problema es que la luteína y la curcumina no se consideran esenciales, porque su escaso o nulo consumo no desencadena deficiencias específicas ni enfermedades y no moriríamos por ello”.

“Pero no estamos en ese punto ahora. No estamos preocupados por el escorbuto o el beriberi (enfermedades carenciales graves), nos preocupa la salud óptima. Nos preocupamos por nuestra dieta para que podamos vivir más tiempo con salud”.